
Levantó la copa y brindó por un año nuevo. Internamente se propuso hacer mejor las cosas: relacionarse con la gente, ser amable, solidaria, sonreír con mayor asiduidad y dejarse llevar por aventuras mas allá de esas cuatro paredes. Luego se sentó a la mesa de dos metros de largo para comer todas las delicias dulces y saladas que había allí instaladas. Todo lo comió. Desprendiendo los botones del vestido para que le entrara más, para que no le comprimiera el enorme abdomen. Más comida. Más sidra. Más postres... ¡no vaya a ser que quedara algo y tuviera que compartirlo con algún mugroso de la calle!