
Se escondía en el alma el cardo de la inclemencia, era casi como una reacción atávica contra la injusticia.
Tomó el martillo y golpeó la mesa:
-No jugarás a ser Dios, diminuto manipulador de papel, el cuerpo de una mujer es agua pura, un oasis sagrado que de ahora en más te será negado.
Nunca más una mueca de dolor será por tu culpa- y dicho esto fue entregado a la horda de mujeres justicieras que esperaban ansiosas al primer sentenciado.
7 comentarios:
Ojalá hubiesen más amazonas como las tuyas que aboguen por mantener una clara justicia, quizás de esa manera dejarían de jugar a ser dioses.
Te esperaba como agua de mayo, ya estaba pensando en ir a buscarte. ¿Te quemaban las orejas? Je,je,je.
Besos enormes princesa.
Estoy segura de que todavía hay algún machito que pensaría que le daban un premio por dejarlo solo con una legión de lindas mujercitas a las cuales "atender".
Y ahora en serio...reflexiono sobre si no estaría muy mal del todo que esta horda de mujeres justicieras reviviera...Bueno, tal vez sea mejora la palabra y el sentido común como armas imponderables. Prefiero creerlo.
Besazos
BESOS AMIGAS, GRACIAS POR PASAR
¿Murió de placer doloroso?
:-)
Un beso.
Muy bien por las amazonas. Ya está bueno de morir a manos de asquerosos dioses. Ay, me haces pensar mucho, me ha dado en la torre. No sé si algún día escribiré algo que haga referencia a este tema. Estoy de acuerdo con Mimosa.
Un fuerte abrazo mi querida Escarcha, por estar y por tus entradas que me encantan.
Andri
¿manipulador de papel? Hum, interesante...Abrazos
Está genial, te felicito. No conocía este blog tuyo, y entraré a leerte, me encantan tus microcuentos. Besos.
Publicar un comentario