Corrí porque necesitaba verlo. Sentir que aun vivía y que lo hacía por mi.
Un mes sin él, escondí mi culpa por no haberlo extrañado y sonreí hasta con las amigdalas.
Cuando entré estaba recostado mirando la luna mas al escucharme corrió a mi encuentro, saltando de contento, adivinando el corazón que no lo había olvidado nunca.
Cuando mis padres entraron se escondió en la sombra.
Siempre respeté la promesa que le hice al descubrirlo... y aun vive de incógnito en mi pieza.




