lunes, 27 de septiembre de 2010

LA CARRERA


-Rápido, rápido- le gritá casi sin aire.
Los pies casi no tocan la tierra y el corazón les palpita en la garganta.
La carrera es impía, no importan las piedritas que se incrustan en las plantas de los pies, ni los perros que salen asustados a ladrarlos.
Abren la puerta haciendola tronar contra la pared y aparecen los dos como fantasmas polvorientos en el comedor, la madre voltea y sonríe.
-¡A lavarse las manos y la cara que el desayuno ya está listo!
¡Por fín habia llegado la hora de llenar la pancita!

3 comentarios:

HÉCTOR RIVERO dijo...

Que bien, ser el primero en comentarte y en seguirte, que honor. Esa carrera la recuerdo...corría, especialmente cuando una vez al año había pollo asado...me parece verme a mi mismo en esa foto...
Un cordial abrazo

escarcha dijo...

Gracias Rivero!!!!
ESPERO TENERTE DE NUEVO POR AQUI!!!

Torcuato dijo...

Es muy tierno este micro.
Un beso.